Planificación fiscal de la inversión financiera (II): el Impuesto sobre el Patrimonio

Aviso que este post va a ser algo largo y un poco técnico. No obstante, muy importante para los que se quieran dedicar a la planificación fiscal de personas físicas en España, así como para los contribuyentes con pagos por Impuesto sobre el Patrimonio elevados.

Léase bajo su propia responsabilidad:

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Ante los resultados de las recientes elecciones y las posibles modificaciones tributarias que puedan ponerse de manifiesto en los próximos meses (incluyendo la posible recuperación del impuesto sobre el Patrimonio, incluso en la Comunidad Autónoma de Madrid) creo que un post como este es muy necesario para aquellos grandes patrimonios que puedan estar nerviosos y se planteen un cambio de residencia urgente. En este sentido, si el “exit tax” que ha entrado en vigor recientemente no es suficiente para desanimar de situar nuestra residencia permanente en el extranjero, quizás sea buena plantear que la recuperación del Impuesto sobre el Patrimonio no tiene porqué suponer un elevado impacto financiero si se planifica correctamente.

Como ya comenté en una entrada anterior, los efectos tributarios de la inversión del patrimonio financiero en productos financieros de “reparto” y productos financieros de “acumulación” no se limitan al efecto de diferimiento fiscal en el IRPF que permite una optimización financiera en el pago de nuestros impuestos personales. Además, una correcta estructuración o planificación de las rentas que obtiene un contribuyente persona física con un alto patrimonio permite hacer más eficiente la tributación en su Impuesto sobre el Patrimonio, pudiendo obtener un ahorro de hasta un 80% de la cuota de este impuesto.

Aunque parece bastante anti-intuitivo (¿lo que gano en el IRPF afecta a mi Impuesto sobre el Patrimonio?) y es bastante desconocido entre el público (incluyendo a muchos contribuyentes con patrimonios elevados), el llamado límite conjunto de tributación IRPF-IP existe desde el Impuesto Extraordinario sobre el Patrimonio de las Personas Físicas aprobado por la Ley 50/1977, de 14 de noviembre. Actualmente, este límite de tributación viene regulado en el artículo 31 de la Ley 19/1991, de 6 de junio, del Impuesto sobre el Patrimonio, en los siguientes términos (por lo que nos afecta específicamente a la planificación del impuesto):

“Uno. La cuota íntegra de este Impuesto conjuntamente con las cuotas del Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas, no podrá exceder, para los sujetos pasivos sometidos al impuesto por obligación personal, del 60 por 100 de la suma de las bases imponibles de este último. A estos efectos:

  1. a) No se tendrá en cuenta la parte de la base imponible del ahorro derivada de ganancias y pérdidas patrimoniales que corresponda al saldo positivo de las obtenidas por las transmisiones de elementos patrimoniales adquiridos o de mejoras realizadas en los mismos con más de un año de antelación a la fecha de transmisión, ni la parte de las cuotas íntegras del Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas correspondientes a dicha parte de la base imponible del ahorro.

[…]

c) En el supuesto de que la suma de ambas cuotas supere el límite anterior, se reducirá la cuota del Impuesto sobre el Patrimonio hasta alcanzar el límite indicado, sin que la reducción pueda exceder del 80 por 100.”

El corolario de este precepto es el siguiente:

– Con carácter general, la tributación por el Impuesto sobre el Patrimonio se podrá reducir (hasta en un 80%) en función inversa a la obtención de rentas en el IRPF (menos renta supone mayor beneficio fiscal y por lo tanto menos tributación en el Impuesto sobre el Patrimonio).

– No obstante, las ganancias patrimoniales derivadas de la transmisión de elementos patrimoniales adquiridos al menos un año antes de su trasmisión no se tienen en cuenta a efectos del cálculo del límite de tributación (o dicho de otro modo, computan como 0).

– Recordemos que, como ya dijimos en su día, la obtención de intereses o dividendos de productos financieros de “reparto” genera rendimientos del capital mobiliario mientras que la extracción de liquidez de un Fondo de Inversión (producto de “acumulación”) a través de la venta de participaciones del mismo supone la generación de ganancias (y/o pérdidas patrimoniales), eficientes en el IRPF y, como vemos, también en el Impuesto sobre el Patrimonio.

Por lo tanto, con independencia del volumen de dichas ganancias, controlando y limitando el resto de rentas (es decir, sin necesidad de limitar la liquidez obtenida por el contribuyente), se podría tributar por la “cuota mínima” (20%) en el Impuesto sobre el Patrimonio. Conceptualmente, esta norma se puede traducir en una ecuación como la siguiente:

Cuota*IRPF + CIP ≤ 60% x BaseImponible*IRPF

* No computan Ganancias y Pérdidas derivadas de la trasmisión de elementos patrimoniales, con un periodo de generación superior a 1 año.

En caso de no cumplirse la ecuación, se reduciría la cuota del impuesto sobre el Patrimonio hasta que se equilibrasen los términos de la misma o la reducción alcanzase el 80% de la cuota “previa” del Impuesto sobre el Patrimonio. Éste es justamente el punto donde la optimización del impuesto es máxima y donde un buen trabajo de planificación da sus frutos.

De manera que sea más visual y fácil de entender, este beneficio fiscal se puede representar gráficamente de la siguiente forma:

Límite conjunto IRPF - IP (Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas e Impuesto sobre el Patrimonio)

De aquí se pueden extraer varias conclusiones relevantes:

– En el caso de no obtener ninguna renta en el IRPF (o cualquier volumen de rentas procedentes de Ganancias y Pérdidas derivadas de la trasmisión de elementos patrimoniales, con un periodo de generación superior a 1 año) nos situaríamos en el punto 0 del eje horizontal, lo cual supondría que nuestro pago por el Impuesto sobre el Patrimonio no sería el 100% de la cuota previa o teórica en función del valor de mi patrimonio, sino únicamente el 20% de dicha cuota (“cuota mínima”).

– Según obtuviéramos rentas en el IRPF, aparte de cualquier volumen de rentas procedentes de las Ganancias y Pérdidas indicadas, la tributación por el Impuesto sobre el Patrimonio se mantendría en el 20% de la cuota teórica (línea verde inicial) hasta un momento en el que la suma de ese 20% más la cuota de IRPF derivada de las rentas obtenidas supusiera el 60% del total de la base imponible en el IRPF (“umbral mínimo”).

– A partir de ese momento, cada euro de renta más que se obtenga supone una tributación efectiva del 60% para el contribuyente sumando ambos impuestos (“margen de planificación”).

– Por último, esta pendiente ascendente termina en el momento en que la suma de la cuota de IRPF y de la cuota teórica del Impuesto sobre el Patrimonio suponen el 60% de la base imponible del IRPF (“umbral máximo”). A partir de ese momento, la obtención de rentas adicionales no supone un incremento de la cuota del Impuesto sobre el Patrimonio del contribuyente por haber alcanzado el máximo teórico del mismo en función del valor de su patrimonio (“cuota máxima”).

En conclusión, y resumiendo mucho, una adecuada planificación de las rentas y la liquidez puede suponer una gran optimización de la tributación de las personas físicas. Y recordemos que esta optimización fiscal se puede obtener sin ningún riesgo fiscal (cuestión pocas veces factible por depender de interpretaciones técnicas, en ciertos casos discutidas) por depender de una interpretación totalmente literal de la norma.

Espero que estas reflexiones sean de utilidad. En una futura entrada del blog espero poder mostrar los beneficios  que se pueden obtener de la aplicación de esquemas de planificación relativamente sencillos como el que explico aquí, mediante simulaciones reales a medio y largo plazo.

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Mayo 2015

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¿Cuándo vender mi empresa?: Algunas reflexiones

La posibilidad de vender una (parte de) una empresa, llegado el momento es una de las más importantes decisiones en la vida empresarial y posiblemente económica de un empresario. Habitualmente, el empresario es inexperto en el proceso de venta de empresas y, además, una venta de empresa bien hecha consume muchos recursos puesto que el vendedor debe atender no sólo a las exigencias del “deal” sino también centrar una buena parte de su atención y esfuerzo  a la buena marcha de la empresa. Por ello, profesionalizar el proceso es clave para el éxito de la operación.

No obstante, no siempre se le da importancia a un paso previo que es analizar si se debe proceder a la venta de la empresa. La realidad demuestra que toda compañía tiene un momento óptimo para ser vendida, y es vital esforzarse en conocerlo y ser conscientes de ello para que la operación cumpla con todos los objetivos financieros y vitales de la familia. La ausencia de un sucesor adecuado, el potencial agotamiento futuro del negocio o del sector, las dificultades familiares, las peleas entre socios, la falta de capital o de financiación, entre otras, son situaciones que pueden indicar la necesidad de proceder a la venta del negocio antes de que el mismo pierda todo su valor por no poder capear a tiempo las dificultades Es decir, el momento de decidir vender o no, no siempre viene definido por la situación financiera o comercial del propio negocio, muchas veces tiene que ver con la situación vital del propio empresario y de su entorno.

En este sentido, he estado reflexionando sobre un artículo publicado por Genspring Family Offices que señala resumidamente tanto las consideraciones financieras como no financieras a plantearse para poder decidir sobre la posible venta del negocio. La segunda parte del artículo, en lo que respecta a las consideraciones no financieras comienza:

Even though the financial considerations of a possible sale can seem complex, the non-financial considerations for many families are more challenging. After many years of hard work and sacrifice, a business represents much more than a financial asset. The business itself may be part of the family’s identity.

The family often sees its role in the community in terms of its business. They harbor a sense of duty to employees and their families. They use the business to express their community involvement through economic development and work with charities and other groups. Consequently, their role in the community is linked with their business activities.

To Sell or Not to Sell: Considerations of Family Business

El momento de la venta de una empresa, no es una decisión que se deba dejar al azar o a sentimientos. La mente debe mantenerse fría para decidir cuándo es el mejor momento para vender tu empresa, pero el artículo remarca dos cuestiones que a mí siempre me han parecido muy relevantes cuando he comentado con un empresario la posibilidad de vender su negocio (estas consideraciones me he dado cuenta que son totalmente traspasables a altos directivos que quieren dejar sus posiciones para vivir una vida más tranquila con sus familias):

– ¿Está tu legado o tu autoconsideración ligada al negocio? O dicho de otra manera, ¿el negocio (o tu empleo) son la medida de tu autoestima y por lo que (crees que) se va a valorar tu trayectoria vital cuando ya no estés?

– ¿Sabes qué vas a hacer con tu tiempo cuando no tengas las exigencias de un empleo o de un negocio altamente exigente? El corolario de esta pregunta, como siempre señalo, es que el tiempo libre es MUY CARO, porque la forma más fácil de rellenarlo para alguien con un gran patrimonio es gastando, por lo que las necesidades de liquidez recurrente suelen incrementarse tras un evento de venta de empresa (o salida incentivada de un alto directivo). Por ello, suele ser conveniente tener proyectos vitales a medio y largo plazo que ocupen nuestro tiempo y nuestra mente.

Espero que estas reflexiones sean de utilidad a quienes se encuentren en estas situaciones.

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Mayo 2015

Asesores independientes y banca privada

Ayer leí un artículo de hace un par de semanas de la web http://www.fundspeople.com sobre las relaciones entre los asesores financieros independientes, principalmente agentes y EAFIs, y las entidades financieras principalmente de banca privada con las que trabajan:

Las bancas privadas son conocedoras de la importancia que tienen los canales indirectos para expandir su mensaje de valor añadido en el asesoramiento y gestión de altos patrimonios a lo largo y ancho de España. Por eso, en el marco del Think Tank BNY Mellon, tres responsables y directivos del negocio de banca privada en España dan su visión sobre la oportunidad que se les abre a las entidades para canalizar parte de su negocio más allá de su propia red y sus banqueros privados en plantilla.

¿Agentes o EAFI? La banca privada analiza con quién ir de la mano fuera de sus redes

A mí me parece que el asesoramiento independiente es el camino que ha de seguir el segmento de banca privada de las entidades financieras si quiere ser algo más que un mero apéndice de la banca minorista / de empresas en el que se “colocan” productos a los grandes patrimonios. Y este asesoramiento independiente, cada vez más debe tender a realizarse a través de profesionales sin vinculación laboral con las entidades financieras, como cautela adicional ante los conflictos de interés.

Dicho esto, no obstante, creo que en el artículo olvidan mencionar a un asesor externo, quizás minoritario y menos importante a nivel de relación directa con la banca privada actualmente, pero que creo que podría llegar a ser una gran vía de apalancamiento comercial para las entidades (entidades financieras, agentes y EAFIs, indistintamente) si se manejase y desarrollase adecuadamente: el prescriptor (principalmente abogados, asesores fiscales y multi family offices) que puede aportar conocimiento comercial de forma recurrente, sin entrar en conflictos comerciales con la entidad por ser negocios totalmente autónomos y con un coste fijo prácticamente nulo para dichos operadores principales en el segmento de banca privada (las propias entidades financieras, los agentes y las EAFIs)

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Mayo 2015

Fundamentos de planificación fiscal patrimonial en España

Tras una entrada anterior tratando el tema de la planificación fiscal del patrimonio financiero me he dado cuenta de que, si no por el tejado, al menos sí he comenzado el edificio por el primer piso. Por ello, espero que con esta entrada pueda poner los cimientos de los temas de planificación fiscal (además de otros muchos temas de administración, gestión y organización del patrimonio que quiero tratar) que me gustaría tratar en profundidad en futuras ocasiones.

Como les suelo decir a mis alumnos, la planificación fiscal es lo más bonito del derecho si te gusta hacer puzzles. Eso sí, unos rompecabezas algo especiales en los que los tamaños de las piezas, sus formas, conexiones e incluso el resultado final son mutables, variables en el tiempo (en función de la propia evolución de la legislación vigente) y variables en función del resultado buscado o más bien del beneficiario de la planificación (no es lo mismo planificar sobre las necesidades de un deportista de 30 años que sobre las de un empresario de 70 años).

Además, los problemas de planificación fiscal requieren no sólo de un conocimiento exhaustivo de la normativa concreta de cada impuesto, sino también de las relaciones o puntos de conexión existentes entre los diversos impuestos que son los que permiten “navegar” entre diferentes opciones económicas con el fin de obtener un ahorro fiscal. Y por otra parte, no hay que olvidar que en la planificación fiscal es fundamental disponer de conocimientos de derecho civil y mercantil que permitan determinar a priori si una solución eficiente a efectos fiscales es posible desde un punto de vista de derecho sustantivo de la persona física o jurídica.

En definitiva, la planificación fiscal tal y como yo la veo, trata de traducir a números concretos la fiscalidad aplicable a diversas opciones económicas. Esta traducción de leyes a cifras permitiría seleccionar entre dichas opciones sobre la base de criterios lo más claros y objetivos posibles.

En España, cuando hablamos de planificación fiscal patrimonial, estamos hablando fundamentalmente de tres impuestos principales:

– Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas (“IRPF”).
– Impuesto sobre el Patrimonio (“IP”).
– Impuesto sobre Sucesiones y Donaciones (“ISD”).

Dado lo complicado que resultaría enumerar todas las conexiones entre los principales impuestos, creo que el siguiente gráfico puede trasmitir una idea de los “nodos” más importantes a tener en cuenta:

Este esquema intenta señalar las principales estrategias de planificación, bien en cada impuesto individualmente considerado (esquemas de diferimiento fiscal en el IRPF a través de “vehículos de acumulación“) o bien en los puntos de contacto entre estos impuestos (por ejemplo, el límite conjunto de tributación entre IRPF e IP, que espero tratar en la próxima entrada del blog).

Por último, como se puede observar, no coloco en la enumeración anterior al Impuesto sobre Sociedades (“IS”) en la medida en que no es tanto un objeto de la planificación, como la herramienta que nos permite optimizar algunas estructuras mediante la utilización de sociedades en la planificación patrimonial / empresarial. Por otra parte, no nos podemos olvidar de todos los demás impuestos (principalmente los impuestos indirectos como el IVA o el Impuesto sobre Transmisiones Patrimoniales y Actos Jurídicos Documentados) que, si bien no suelen tener tanta importancia en la estructura patrimonial recurrente de una persona, sí que pueden afectar a cualquier cambio estructural en el contexto de la implementación de una solución fiscalmente eficiente.

Como decía, en las próximas entradas de planificación fiscal trataré de explicar en detalle cada una de las estrategias de planificación señaladas en el gráfico desde una perspectiva eminentemente práctica. Espero que, no obstante, esta breve introducción a lo que es la planificación fiscal sea de interés y utilidad.

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Mayo 2015