Planificación fiscal sistemática del ahorro

Hace unas semanas, el equipo editorial de Weblogs, empresa de medios online propietaria de Xataka o El Blog Salmón entre otras publicaciones, se puso en contacto conmigo para ofrecerme participar como firma invitada en el blog de Selfbank con un artículo relacionado con la planificación fiscal del ahorro en el día a día.

Si bien intenta dar consejos básicos que puedan ser aprovechados por la generalidad de los inversores, no sólo por los grandes patrimonios, creo relevante enlazarlo desde el blog para los que esteis interesados.

Por supuesto se aceptan comentarios y, si te parece interesante, COMPÁRTELO.

Diciembre 2015

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Planificación fiscal sistemática del ahorro

Aunque cuando se acerca el final de año a todos nos entran las prisas por optimizar lo más posible la declaración de la renta que deberemos presentar en junio del año que viene, no está de más abstraerse de vez en cuando de la esclavitud de lo urgente y permitirse un respiro para planificar lo importante. Con este espíritu en mente, queremos traer a continuación algunas ideas, estrategias y consejos para que los ahorradores puedan realizar una planificación fiscal de sus rentas del ahorro, no sólo para este ejercicio, sino de forma natural y coherente en un entorno plurianual. Empecemos con lo básico.

Desde un punto de vista del IRPF, en España hay fundamentalmente dos vías para optimizar fiscalmente la rentabilidad de nuestras inversiones: por un lado está la posibilidad de reducir efectivamente la tributación vía beneficios fiscales y por otro lado también existe la posibilidad de diferir la tributación de la rentabilidad obtenida, lo cual si bien no supone un beneficio fiscal “per se”, sí supone un incremento de la rentabilidad financiera global de las inversiones.

[Continúa en este enlace]

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Planificación fiscal de la inversión financiera (II): el Impuesto sobre el Patrimonio

Aviso que este post va a ser algo largo y un poco técnico. No obstante, muy importante para los que se quieran dedicar a la planificación fiscal de personas físicas en España, así como para los contribuyentes con pagos por Impuesto sobre el Patrimonio elevados.

Léase bajo su propia responsabilidad:

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Ante los resultados de las recientes elecciones y las posibles modificaciones tributarias que puedan ponerse de manifiesto en los próximos meses (incluyendo la posible recuperación del impuesto sobre el Patrimonio, incluso en la Comunidad Autónoma de Madrid) creo que un post como este es muy necesario para aquellos grandes patrimonios que puedan estar nerviosos y se planteen un cambio de residencia urgente. En este sentido, si el “exit tax” que ha entrado en vigor recientemente no es suficiente para desanimar de situar nuestra residencia permanente en el extranjero, quizás sea buena plantear que la recuperación del Impuesto sobre el Patrimonio no tiene porqué suponer un elevado impacto financiero si se planifica correctamente.

Como ya comenté en una entrada anterior, los efectos tributarios de la inversión del patrimonio financiero en productos financieros de “reparto” y productos financieros de “acumulación” no se limitan al efecto de diferimiento fiscal en el IRPF que permite una optimización financiera en el pago de nuestros impuestos personales. Además, una correcta estructuración o planificación de las rentas que obtiene un contribuyente persona física con un alto patrimonio permite hacer más eficiente la tributación en su Impuesto sobre el Patrimonio, pudiendo obtener un ahorro de hasta un 80% de la cuota de este impuesto.

Aunque parece bastante anti-intuitivo (¿lo que gano en el IRPF afecta a mi Impuesto sobre el Patrimonio?) y es bastante desconocido entre el público (incluyendo a muchos contribuyentes con patrimonios elevados), el llamado límite conjunto de tributación IRPF-IP existe desde el Impuesto Extraordinario sobre el Patrimonio de las Personas Físicas aprobado por la Ley 50/1977, de 14 de noviembre. Actualmente, este límite de tributación viene regulado en el artículo 31 de la Ley 19/1991, de 6 de junio, del Impuesto sobre el Patrimonio, en los siguientes términos (por lo que nos afecta específicamente a la planificación del impuesto):

“Uno. La cuota íntegra de este Impuesto conjuntamente con las cuotas del Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas, no podrá exceder, para los sujetos pasivos sometidos al impuesto por obligación personal, del 60 por 100 de la suma de las bases imponibles de este último. A estos efectos:

  1. a) No se tendrá en cuenta la parte de la base imponible del ahorro derivada de ganancias y pérdidas patrimoniales que corresponda al saldo positivo de las obtenidas por las transmisiones de elementos patrimoniales adquiridos o de mejoras realizadas en los mismos con más de un año de antelación a la fecha de transmisión, ni la parte de las cuotas íntegras del Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas correspondientes a dicha parte de la base imponible del ahorro.

[…]

c) En el supuesto de que la suma de ambas cuotas supere el límite anterior, se reducirá la cuota del Impuesto sobre el Patrimonio hasta alcanzar el límite indicado, sin que la reducción pueda exceder del 80 por 100.”

El corolario de este precepto es el siguiente:

– Con carácter general, la tributación por el Impuesto sobre el Patrimonio se podrá reducir (hasta en un 80%) en función inversa a la obtención de rentas en el IRPF (menos renta supone mayor beneficio fiscal y por lo tanto menos tributación en el Impuesto sobre el Patrimonio).

– No obstante, las ganancias patrimoniales derivadas de la transmisión de elementos patrimoniales adquiridos al menos un año antes de su trasmisión no se tienen en cuenta a efectos del cálculo del límite de tributación (o dicho de otro modo, computan como 0).

– Recordemos que, como ya dijimos en su día, la obtención de intereses o dividendos de productos financieros de “reparto” genera rendimientos del capital mobiliario mientras que la extracción de liquidez de un Fondo de Inversión (producto de “acumulación”) a través de la venta de participaciones del mismo supone la generación de ganancias (y/o pérdidas patrimoniales), eficientes en el IRPF y, como vemos, también en el Impuesto sobre el Patrimonio.

Por lo tanto, con independencia del volumen de dichas ganancias, controlando y limitando el resto de rentas (es decir, sin necesidad de limitar la liquidez obtenida por el contribuyente), se podría tributar por la “cuota mínima” (20%) en el Impuesto sobre el Patrimonio. Conceptualmente, esta norma se puede traducir en una ecuación como la siguiente:

Cuota*IRPF + CIP ≤ 60% x BaseImponible*IRPF

* No computan Ganancias y Pérdidas derivadas de la trasmisión de elementos patrimoniales, con un periodo de generación superior a 1 año.

En caso de no cumplirse la ecuación, se reduciría la cuota del impuesto sobre el Patrimonio hasta que se equilibrasen los términos de la misma o la reducción alcanzase el 80% de la cuota “previa” del Impuesto sobre el Patrimonio. Éste es justamente el punto donde la optimización del impuesto es máxima y donde un buen trabajo de planificación da sus frutos.

De manera que sea más visual y fácil de entender, este beneficio fiscal se puede representar gráficamente de la siguiente forma:

Límite conjunto IRPF - IP (Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas e Impuesto sobre el Patrimonio)

De aquí se pueden extraer varias conclusiones relevantes:

– En el caso de no obtener ninguna renta en el IRPF (o cualquier volumen de rentas procedentes de Ganancias y Pérdidas derivadas de la trasmisión de elementos patrimoniales, con un periodo de generación superior a 1 año) nos situaríamos en el punto 0 del eje horizontal, lo cual supondría que nuestro pago por el Impuesto sobre el Patrimonio no sería el 100% de la cuota previa o teórica en función del valor de mi patrimonio, sino únicamente el 20% de dicha cuota (“cuota mínima”).

– Según obtuviéramos rentas en el IRPF, aparte de cualquier volumen de rentas procedentes de las Ganancias y Pérdidas indicadas, la tributación por el Impuesto sobre el Patrimonio se mantendría en el 20% de la cuota teórica (línea verde inicial) hasta un momento en el que la suma de ese 20% más la cuota de IRPF derivada de las rentas obtenidas supusiera el 60% del total de la base imponible en el IRPF (“umbral mínimo”).

– A partir de ese momento, cada euro de renta más que se obtenga supone una tributación efectiva del 60% para el contribuyente sumando ambos impuestos (“margen de planificación”).

– Por último, esta pendiente ascendente termina en el momento en que la suma de la cuota de IRPF y de la cuota teórica del Impuesto sobre el Patrimonio suponen el 60% de la base imponible del IRPF (“umbral máximo”). A partir de ese momento, la obtención de rentas adicionales no supone un incremento de la cuota del Impuesto sobre el Patrimonio del contribuyente por haber alcanzado el máximo teórico del mismo en función del valor de su patrimonio (“cuota máxima”).

En conclusión, y resumiendo mucho, una adecuada planificación de las rentas y la liquidez puede suponer una gran optimización de la tributación de las personas físicas. Y recordemos que esta optimización fiscal se puede obtener sin ningún riesgo fiscal (cuestión pocas veces factible por depender de interpretaciones técnicas, en ciertos casos discutidas) por depender de una interpretación totalmente literal de la norma.

Espero que estas reflexiones sean de utilidad. En una futura entrada del blog espero poder mostrar los beneficios  que se pueden obtener de la aplicación de esquemas de planificación relativamente sencillos como el que explico aquí, mediante simulaciones reales a medio y largo plazo.

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Mayo 2015

Planificación fiscal de la inversión financiera (I)

Una parte muy importante de la planificación patrimonial depende de una correcta optimización fiscal de, entre otras partes del patrimonio familiar, las inversiones financieras. En la mayoría de los países occidentales con esquemas tributarios similares al español, las estrategias básicas de planificación / optimización fiscal del patrimonio financiero se fundamentan en el diferimiento de la tributación.

El diferimiento fiscal no es en puridad una estrategia de optimización fiscal, sino más bien de gestión financiera del patrimonio y para entenderla hay que introducir dos conceptos básicos financiero-fiscales: Los productos financieros de reparto y los productos financieros de acumulación. Estas dos categorías hacen referencia a los tipos de productos financieros más característicos en función de cómo se genera la rentabilidad y la liquidez para el inversor.

En el caso de los productos de reparto, pensemos por ejemplo en un depósito bancario, la rentabilidad del producto se pone de manifiesto recurrentemente a través del pago de intereses. Esta generación de liquidez recurrente supone el devengo de tributación por el impuesto sobre la renta del perceptor de la rentabilidad (normalmente en el momento de su cobro -a través de la retención- y / o posteriormente en su declaración principal -con carácter anual habitualmente-).

Por el contrario en los productos / vehículos de acumulación, el fondo de inversión es usualmente el producto más representativo de esta categoría, la rentabilidad del producto se acumula al capital no generando tributación en sede del propietario del activo financiero (a salvo de la tributación en el vehículo de inversión, si aplica). Únicamente se producirá la tributación de la plusvalía latente del activo cuando éste sea vendido (con ciertas peculiaridades en el caso del régimen fiscal de traspasos de los fondos de inversión, que comentaremos en otra ocasión) lo cual tiene tres beneficios principales: (i) Permite diferir en el tiempo el pago de impuestos sobre la rentabilidad pudiendo generar beneficios adicionales en periodos posteriores sobre la parte de la ganancia que no se ha convertido en impuestos todavía (la magia del interés compuesto), (ii) nos permite decidir en qué momento generamos las plusvalías tributables de manera que sea más eficiente a efectos fiscales (planificación de las normas de integración y compensación de rentas) y (iii) en las ventas parciales sólo se tributará por la parte de la plusvalía latente asociada a la parte vendida, no sobre la totalidad de la liquidez recibida en la venta (optimización de la obtención de rentas / liquidez para consumo personal).

No obstante lo anterior, si bien estas dos categorías son fundamentales para entender la planificación / optimización fiscal de rentas personales, es evidente que la mayoría de productos financieros “beben” en diferentes proporciones de ambas categorías (por ejemplo, las acciones cotizadas son un producto de reparto por los dividendos y un producto de acumulación por la revalorización del propio título). En cualquier caso, podemos ver las diferencias fundamentales en la fiscalidad de ambos tipos de productos / vehículos de inversión a través del siguiente esquema*:

Gráfico presentación PP

* A tener en cuenta que se ha utilizado como tipo de gravamen único el marginal de la escala de gravamen de la base del ahorro, aunque en la actualidad únicamente se aplica dicho tipo de gravamen a la base liquidable del ahorro que exceda de 50.000 euros. Además no se ha tenido en cuenta la posible tributación en sede del fondo de inversión.

Si bien este sistema de planificación fiscal es, como se dice en el mundo financiero, puramente “plain vanilla“, es decir, de lo más sencillo y común, no se puede obviar que es el fundamento de la planificación fiscal de rentas y, en legislaciones tributarias como la española, un engranaje fundamental en la planificación del Impuesto sobre el Patrimonio, como veremos en una futura entrada.

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Abril 2015